Y nuevamente llegamos a Marzo 25, una fecha recordada en la Tierra Media, la Caída de Sauron. Esto significa que se cerró un ciclo para este mundo y se inicio una nueva era, la del Hombre. La importancia de los hechos ocurridos durante ese día y su futura trascendencia han llevado a elegirlo como la instancia mundial de leer a Tolkien. Ahora bien, los fans siempre leemos sus obras, pero que inspirador es pensar que durante éste día, en todo el mundo se reunen a leer y a pasar buenos momentos leyendo y recordando a nuestro escritor favorito.A todos los integrantes del Club recuerden que celebraremos esta festividad el día sábado, no olviden traer sus lecturas favoritas. Algunos no tendrán acceso a los libros de Tolkien, o sus rutinas no les darán tiempo, pero si entras a nuestro blog, celebra el Día Mundial de Leer a Tolkien y lee el siguiente extracto de Las dos Torres: Bárbol....Treparon por la pared. Si los escalones no eran naturales habían sido labrados para pies más grandes y piernas más largas que los de los hobbits. Se sentían demasiado impacientes y no se detuvieron a pensar cómo era posible que ya hubieran recobrado las fuerzas y que las heridas y lastimaduras del cautiverio hubieran cicatrizado de un modo tan notable. Llegaron al fin al borde de la cornisa, casi al pie del viejo tronco; subieron entonces de un salto y se volvieron dando la espalda a la colina, respirando profundamente y mirando hacia el este. Vieron entonces que se habían internado en el bosque sólo unas tres o cuatro millas: las copas de los árboles descendían por la pendiente hacia la llanura. Allí, cerca de las márgenes del bosque, unas altas volutas de humo negro se alzaban en espiral y venían flotando y ondulando hacia ellos.
-El viento está cambiando -dijo Merry-. Sopla otra vez del este. Hace fresco aquí.
-Sí –dijo Pippin-. Temo que sólo sean unos rayos pasajeros y que pronto todo sea gris otra vez. ¡Qué lástima! Este viejo bosque hirsuto parecía tan distinto a la luz del sol. Casi me gustaba el lugar.
-¡Casi te gustaba el bosque! ¡Muy bien! Una amabilidad nada común -dijo una voz desconocida-. Daos vuelta que quiero veros las caras. Yo casi sentí que no me gustabais, pero no nos apresuremos. ¡Volveos! -Unas manos grandes y nudosas se posaron en los hombros de los hobbits y los obligaron a darse vuelta, gentilmente pero con una fuerza irresistible; dos grandes brazos los alzaron en el aire. Se encontraron entonces mirando una cara de veras extraordinaria. La figura era la de un hombre corpulento, casi de troll, de por lo menos catorce pies de altura, muy robusto, cabeza grande, encajada entre los hombros. Era difícil saber si estaba vestido con una materia que parecía una corteza gris y verde, o si esto era la piel. En todo caso los brazos, a una cierta distancia del tronco, no tenían arrugas y estaban recubiertos de una piel parda y lisa. Los grandes pies tenían siete dedos cada uno. De la parte inferior de la larga cara colgaba una barba gris, abundante, casi ramosa en las raíces, delgada y mohosa en las puntas. Pero en ese momento los hobbits no miraron otra cosa que los ojos. Aquellos ojos profundos los examinaban ahora, lentos y solemnes, pero muy penetrantes. Eran
de color castaño, atravesados por una luz verde. Más tarde, Pippin trató a menudo de describir la impresión que le causaron aquellos ojos.
-Uno hubiera dicho que había un pozo enorme detrás de los ojos, colmado de siglos de recuerdos y con una larga, lenta y sólida reflexión; pero en la superficie centelleaba el presente: como el sol que centellea en las hojas exteriores de un árbol enorme, o sobre las ondulaciones de un lago muy profundo. No lo sé, pero parecía algo que crecía de la tierra, o que quizá dormía y era a la vez raíz y hojas, tierra y cielo, y que hubiera despertado de pronto y te examinase con la misma lenta atención que había dedicado a sus propios asuntos interiores durante años interminables.
-Hrurn, hum -murmuró la voz, profunda como un instrumento de madera de voz muy grave-. ¡Muy curioso en verdad! No te apresures, esa es mi divisa. Pero sí os hubiera visto antes de oír vuestras voces (me gustaron, hermosas vocecitas que me recuerdan algo que no puedo precisar), si os hubiera visto antes de oíros, os habría aplastado en seguida, pues os habría tomado por pequeños orcos, descubriendo tarde mi error. Muy raros sois en verdad. ¡Raíces y brotes, muy raros!
Pippin, aunque todavía muy asombrado, perdió el miedo. Sentía ante aquellos ojos una curiosa incertidumbre, pero ningún temor.
-Por favor -dijo-, ¿quién eres? ¿Y qué eres?
Una mirada rara asomó entonces a los viejos ojos, una suerte de cautela; los pozos profundos estaban de nuevo cubiertos.
-Hrm, bueno -respondió la voz-. En fin, soy un Ent, o así me llaman. Sí, Ent es la palabra. Soy el Ent, podríais decir, en vuestro lenguaje. Algunos me llamanFangorn, otros Bárbol. Podéis llamarme Bárbol.